"Son las fiestas, ¿te apuntas?" "No sé..." "¡sí mujer! ¿no te acuerdas lo bien que lo pasaste cuando viniste hace dos años?"
y entonces, sin quererlo ni saberlo, esa persona te ha invocado. y tu ausencia ha acudido rauda, veloz para recordarme... "eh! ese fue el día que nos conocimos, ¿te acuerdas?". Dos años. Toda una vida, aunque sea sólo un trocito.
Y entonces he sabido que ya no podré volver a esas fiestas, porque tu ausencia me ha asegurado que sí que estará. Todos los años, fiel. Aunque llueva o aunque haga sol. Con miles de personas o sola. Ella, no faltará a la cita.
Así que faltaré yo...
domingo, 20 de junio de 2010
el metro
Son las 9.
Llego tarde al trabajo.
Corro por las escaleras mecánicas de la estación, mientras oigo el pitido que anuncia el cierre del vagón.
De un salto, me planto frente a la puerta y entonces, por una milésima de segundo... te veo. Una fracción de recuerdo. Estás ahí: te pones en perpendicular, un pie dentro y un pie fuera del vagón, y con una sonrisa me tiendes la mano. Para que entre sin que me atrapen las puertas. Para que no tenga que hacerme a empujones un sitio.
Un gesto sencillo que permanecía escondido en mi retina. Una pequeña muestra de cariño que, sin que fuera consciente, había quedado atrapada en mi cabeza. Y entonces, sólo entonces, he sabido que la echaba de menos.
Dejo que las puertas se cierren. Mirando un espacio vacío. El espacio que deberías ocupar tú. El espacio que, una vez más, ocupa tu ausencia.
El metro se va. Llego tarde al trabajo.
Llego tarde al trabajo.
Corro por las escaleras mecánicas de la estación, mientras oigo el pitido que anuncia el cierre del vagón.
De un salto, me planto frente a la puerta y entonces, por una milésima de segundo... te veo. Una fracción de recuerdo. Estás ahí: te pones en perpendicular, un pie dentro y un pie fuera del vagón, y con una sonrisa me tiendes la mano. Para que entre sin que me atrapen las puertas. Para que no tenga que hacerme a empujones un sitio.
Un gesto sencillo que permanecía escondido en mi retina. Una pequeña muestra de cariño que, sin que fuera consciente, había quedado atrapada en mi cabeza. Y entonces, sólo entonces, he sabido que la echaba de menos.
Dejo que las puertas se cierren. Mirando un espacio vacío. El espacio que deberías ocupar tú. El espacio que, una vez más, ocupa tu ausencia.
El metro se va. Llego tarde al trabajo.
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