domingo, 20 de junio de 2010

el metro

Son las 9.
Llego tarde al trabajo.
Corro por las escaleras mecánicas de la estación, mientras oigo el pitido que anuncia el cierre del vagón.

De un salto, me planto frente a la puerta y entonces, por una milésima de segundo... te veo. Una fracción de recuerdo. Estás ahí: te pones en perpendicular, un pie dentro y un pie fuera del vagón, y con una sonrisa me tiendes la mano. Para que entre sin que me atrapen las puertas. Para que no tenga que hacerme a empujones un sitio.

Un gesto sencillo que permanecía escondido en mi retina. Una pequeña muestra de cariño que, sin que fuera consciente, había quedado atrapada en mi cabeza. Y entonces, sólo entonces, he sabido que la echaba de menos.

Dejo que las puertas se cierren. Mirando un espacio vacío. El espacio que deberías ocupar tú. El espacio que, una vez más, ocupa tu ausencia.

El metro se va. Llego tarde al trabajo.

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